martes, 9 de enero de 2007

El loco

No sé cuál es el nombre de mi vecino. En casa le llamamos simplemente "el loco". No se trata de un mote cariñoso, ojalá fuera así. Mi vecino está realmente loco, como una regadera.

El loco vive con su madre y sus hermanos en la casa contigua a la mía. Por las noches se levanta gritando insultos a quien le escuche y lanzando los muebles contra las paredes. Pasa mucho tiempo asomado a la ventana enrejada de su cuarto; creo que su madre le encierra allí durante las crisis. A los vecinos del otro lado, les llama "cerdos" cuando les ve bañando al perro en el patio. Una vez, tiró una botella vacía contra una de las casas de atrás. Los trocitos de cristal se desperdigaron por el suelo de mi lavadero.

Algunas mañanas, muy temprano, el loco sale a la calle y llama al timbre de mi casa mientras aún dormimos. Suele ser en los días de lluvia. Sale sin paraguas, no le importa mojarse. Pulsa el interruptor como un desesperado, quince o veinte veces si es necesario. Entonces todos nos levantamos, y nos reunimos en el distribuidor, lejos de las ventanas, donde no pueda vernos. Estamos muy ridículos, la familia entera en pijama y pálidos como muertos.

Últimamente le ignoramos. Una vez mi madre decidió asomarse, a pesar de que nosotros le insistimos en que no era buena idea. Mi padre se había ido a trabajar muy temprano, y a mis hermanos y a mí no nos hace mucho caso. "A lo mejor se ha quedado fuera de casa sin llaves, pobrecillo, se está empapando" dijo, y abrió la ventana.

-¿Has llamado ya a la policía? -preguntó el loco cuando la vio.
-No -repuso mi madre-, no he llamado a nadie.
-¡Pues llámala de una vez!
-¿Por qué quieres que llame a la policía?
-¡Para que se enteren de todo lo que hacéis! ¡Dejad de dar golpes de una vez! ¡No hacéis más que dar golpes!

Mi madre retrocedió un poco. Una persona menos temeraria habría cerrado la ventana en ese momento; pero mi madre trabaja en una perfumería, de cara al público, así que no se asusta de nada:

-No hemos dado ningún golpe, estábamos todos dormidos -replicó. Se ve que mi madre nunca había escuchado eso de "dar la razón, como a los locos".

El loco guiñó sus ojos llenos de odio, metió la cara entre los barrotes de la puerta del jardín y, con voz lenta y vibrante al principio, replicó:

-En todas partes se dan golpes: se dan y se reciben... ¡zorra! ¡Te voy a matar, vieja! ¡Os mataré a todos! ¡Sois una mierda! ¡Mataré a todo el que salga de esta puta casa!

Mi madre cerró enseguida la ventana, y no pude escuchar bien el resto. Esperamos durante una hora en el comedor, sin ganas de desayunar. De vez en cuando apartábamos un poco la cortina y le buscábamos con la mirada. Él deambulaba frente a la casa, con la mirada fija en nuestra puerta, murmurando para sí.

Llamamos a la policía.

-Policía Municipal, dígame.
-Hola, mi vecino nos ha amenazado, dice que nos va a matar y vigila nuestra puerta.
-En estos momentos no puede atenderle ningún agente, están "haciendo los colegios". Deme su dirección y mandaremos un coche en cuanto podamos.

Al parecer no había ningún policía disponible para reducir a un asesino, porque estaban todos mirando como los niños entraban en el cole. Nos echamos a reír como tontos. La verdad es que nos hacía falta reír.

Media hora después llegó una patrulla. Mi madre, la más intrépida de la casa, recibió a la pareja de municipales.

-Buenos días, señora, usted ha llamado por un vecino que les estaba molestando.
-Sí, hemos sido nosotros. Es un chico que vive al lado, andaba hace un momento por aquí delante.
-Ya, ya... Ya hemos oído hablar de él, señora, no es la primera vez que da problemas.

El otro policía se adelantó un poco.

-Yo aún no lo conozco. ¿Podría decirme cómo es?

Mi madre se quedó pensativa un momento y luego dijo:

-Es joven, lleva el pelo muy corto y una chaqueta marrón...
-Sí, sí, pero... ¿Es más grande que yo?

Mi hermano y yo, que escuchábamos desde detrás de la cortina, nos aguantamos la risa. La verdad es que sí que era más grande que él. El policía que había hablado primero, viendo que perdían el control de la situación, recuperó la palabra.

-Bueno, señora, ¿qué va a hacer usted? ¿Va a poner una denuncia?
-Si pongo una denuncia, ¿le llevarán a un centro en el que puedan ayudarle?
-Verá señora, esto no funciona así. Si hace usted la denuncia, la cosa va a juicio y, si tira para delante, le pondrán una multa.
-¿Y yo para qué quiero que le pongan una multa?
-Pues eso mismo me pregunto yo, señora. Pero ya ve usted, aquí las cosas funcionan de esta forma. No hay, lo que se llama, un cauce legal.

El policía bajó un poco la voz y, a modo confidencial, añadió:

-Le voy a contar mi caso particular: en los pisos de mi madre también había un vecino igual. Todos los días estaba liándola y nada, que no se le podía hacer nada. Hasta que un día cogió el tío y le pegó catorce puñaladas a uno, entonces sí que se lo llevaron. Ya ve, catorce puñaladas, señora, catorce puñaladas tuvo que dar para que un juez lo sacara de allí. Aquí, si no hay catorce puñaladas de por medio, no se hace nada.

Eso fue todo. Los policías insistieron en que les llamásemos tantas veces como fuera necesario y se marcharon. Mi madre cerró la puerta y nos miró con cara de catorce puñaladas.

-Bueno -dijo mi hermano Roger-, por lo menos nos han tranquilizado.

Entonces mi madre fue al comedor, cogió un tazón y lo llenó de cereales special K y leche desnatada. Se sentó y empezó a desayunar despacio. Mis hermanos y yo nos sentamos alrededor de la mesa y la observamos muy serios. Se la veía preocupada. Mientras comía, se miraba fijamente en el espejo del comedor. Se notaba que estaba dándole vueltas a algo.

"Está asustada" me dije. "Es una mujer muy valiente, pero un psicópata acaba de amenazar con matarla. Y también tendrá miedo por lo que nos pueda pasar a nosotros...".

Con la mirada aún clavada en el espejo, mi madre interrumpió mis pensamientos:

-Cuidado que tiene mala idea... -murmuró-. ¡Mira que llamarme vieja!


(Porcentaje de realidad: 100%)

2 comentarios:

Pola dijo...

todavía no sé cómo he llegado aquí, pero me he quedado tonta leyendo tu historia. Im-presionante, tu vecino deja al mio a la altura del betún, ya no me quejaré más ;)

Anónimo dijo...

jajaja, lo siento pero me he reído en varias ocasiones...
Me ha venido bien leer tu historia después del agobio descomunal que llevo encima.
Gracias.
Y cuidado ;)

;*