miércoles, 7 de febrero de 2007

...o que calle para siempre

El hecho de ser psicóloga no ha librado a Lulú de ciertas excentricidades. La mayoría son rarezas adorables, sin mayores consecuencias, pero hay una que le causa complicaciones a menudo: nunca, bajo ningún concepto, aceptaría entrar en un ascensor. Aunque dentro hubiera un billete de quinientos euros tirado en el suelo, aunque el mismísimo Orlando Bloom fuera el único ocupante, daría igual. Si un psicópata la acorralase en el rellano, y la única salida posible fuera el ascensor, Lulú se daría la vuelta y -muy educadamente- preguntaría:

-Perdona, ¿te importaría seguir persiguiéndome por las escaleras?

Lulú siempre ha vivido en una casa a ras de suelo, así que podía permitirse sin problemas su aversión por los ascensores. Estos días, sin embargo, la manía le está pasando factura. Dos veces por semana, tiene que hacer las prácticas del máster en casa de un niño, que vive nada menos que en una décima planta. Por supuesto, Lulú sube a pie. Por si fuera poco, el aparcamiento está complicado y suele llegar ajustada de tiempo. Cuando la madre del niño le abre la puerta, siempre se la encuentra jadeando en el rellano. Al menos, la persona que abre es una mujer: no creo que yo pudiera soportar encontrarme a una tía buena jadeando en mi rellano dos días por semana.

-Vaya, ¡qué deportista! -le dijo un día la señora, cuando la vio llegar por la escalera.

Lulú le habría explicado que sufre claustrofobia -no tiene ningún reparo en confesarlo-, pero la mujer no le dio la oportunidad (es una de esas señoras muy ahorradoras, a las que no les gusta despilfarrar el aire que han respirado y lo utilizan todo para hablar).

Acerca de este preciso instante quería yo hablaros. Me refiero a esas circunstancias que llegan por sorpresa -y apenas duran un segundo- en las que uno tiene la primera y la última oportunidad de decir algo. Si no la aprovecha, deberá callar para siempre (como en las bodas de las películas). Cuando alguien te ha felicitado por algo que en realidad no has hecho, o bien dices la verdad en el momento o es mejor que no la digas nunca, a menos que quieras crear una situación incómoda. Lulú escogió la opción del silencio.

Por desgracia, la señora no se olvidó del asunto. Cada día, cuando llega Lulú, la mujer vuelve a insistir en lo mucho que la admira por llevar una vida tan saludable, y por su férrea voluntad, que le permite subir a pie incluso los días que tiene gripe. Y Lulú, cada vez más desenvuelta, acepta los cumplidos:

-Es que si no hacemos ejercicio cuando podemos, ¿de dónde vamos a sacar el tiempo? -le dijo el otro día, con todo su desparpajo.

A la semana siguiente, Lulú se encontró a la señora bastante desmejorada. Estaba pálida y huesuda, y se le encorvaba la espalda.

-He seguido tu ejemplo, Lulú -le dijo-. Ahora siempre subo y bajo andando: cuando voy a trabajar, cuando vuelvo, cuando hago la compra, cuando voy a tirar la basura... ¡tú y yo sí que somos chicas sanas!

Por un momento Lulú se sintió culpable. Alguien debería decirle a la pobre mujer que eso no se hace cuando uno vive en un décimo piso. Desde luego, Lulú no iba a ser ese alguien. Ya era demasiado tarde.

(Porcentaje de realidad: 84%)

7 comentarios:

Arioch dijo...

Yo sigo siendo Pablo para mi quiosquero. Debí rectificarlo aquel día al salir cuando me pregunté si era verdad que me había llamado Pablo o me lo había imaginado. Ahora ya no hay marcha atrás, para él me llamo Pablo. :(

Anónimo dijo...

otra psicóloga en la familia!
Y con la carrera terminada!!
iuju!!

Ya tengo una nueva maestra.

Waiting for Godot dijo...

Jajajajaja, Jajajaja, Jajajaa!!! ;)

Pola dijo...

¡Hay que hacer algo pronto o Lulú va a tener que recurrir a algún compañero para que le alivie la conciencia por haber contribuido a que esa buena mujer sufra un infarto subiendo a su casa!

A mi no me deis estos sustos, que ya estoy mayor.

Anónimo dijo...

Me parece que esa tira cómica que publicaste días atrás empieza a tomar sentido. ¿No queríais hacer deporte? Pues ella lo está haciendo, aunque indirectamente. Te toca empezar con tus planes deportivos... Y si no lo haces, quizás termines remojandote en agua como miga de pan y dándote de comer a los patos del parque. Una muerte tan lenta y dolorosa como rídicula.
Yo me lo pensaría.

Unknown dijo...

no veas , llegara muerta al decimo...pasate por mi blog, he publicado algo con mucho cariño...

alberdigital dijo...

r. marmol: je, je, qué bueno. A veces me dejáis comentarios que son mejores que el propio post. Lulú se ha partido de risa.

chú: tengo una duda, ¿quién ha adoptado a quién?

waiting for godot:je jejeje jejejeje jejeje je.

pola: Eso de recurrir a un compañero no se dice ni de broma :P Que yo también estoy mayor para sustos. ¡Ah, que te referías al tratamiento psicológico!...

aracne: ¿darme de comer a los patos? ¿Se puede escribir esa frase? Espero que sí, porque es el pronóstico de futuro más exacto que me han hecho. Me lo pensaré.

angeldelasmilvioletas: Tranquila, te tengo en el lector de feeds... os tengo a todos controlados, je je.