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domingo, 10 de febrero de 2008

La especialidad de Sebastián

Sebastián L. Márquez estaba convencido de ser especial. No sabía cómo ni por qué, ni tenía habilidades fuera de lo normal que le dieran un indicio, pero albergaba la certeza de que grandes cosas le estaban reservadas. Lo cierto es que el chico no tenía un plan para triunfar -no lo estaba buscando-, no escribía novelas, no tenía oído para la música, ojo para la pintura ni gusto para la ropa. Solo sabía usar el ordenador para ver los e-mails, y no tenía la menor idea de política. En el fútbol del recreo lo escogían el último y le ponían de portero. No se lavaba los dientes porque le daba pereza, se le colaban faltas de ortografía, tartamudeaba y llevaba camisetas con el dibujo cuarteado. Nadie habría apostado un chelín por el pobre Sebastián (ni siquiera los que saben cuánto es un chelín). La gente solía tomarle el pelo diciéndole: "¿Sebastián, ya te comiste el mundo?"... Pero el se hacía el sordo y conservaba su fe.

Y de pronto un día, contra todo pronóstico, ocurrió:

Sebastián se dio cuenta de que estaba equivocado.

Por suerte, fue el mismo día que una chica le metió la lengua en la boca por primera vez, y la tremenda decepción de comprender que su futuro, después de todo, sería vulgar le pareció una chorrada de lo más insignificante.

(Porcentaje de realidad: 50%)

miércoles, 31 de enero de 2007

La innombrable

Veréis, amigos, tengo un serio problema. El otro día, en el post sobre los juegos de mesa, os hablé brevemente acerca de la hermana de Lulú. Intenté que no se notara, pero lo cierto es que esquivé deliberadamente la tarea de darle un nombre. La llamé “la hermana de Lulú”, como si fuera una vulgar actriz de reparto (me refiero a las actrices secundarias, no a las que llevan pizzas a domicilio). La hermana de Lulú no se merece un papel secundario, porque es una de mis mejores amigas. También hay que decir que no tengo suficientes amigas como para que esto signifique algo. Dejémoslo en que es una amiga muy buena.

Retomando el tema (me paso el día retomando temas, ¡que dispersión tan desesperante!), tengo un serio problema con la hermana de Lulú, y es que...

¡La hermana de Lulú no tiene nombre!

Os prometo que no es culpa mía. Si de mi dependiera, tendría nombre desde el primer día. No soy muy bueno poniendo nombres, pero al menos lo hago deprisa. ¿Qué me ha detenido entonces?

La semana pasada, cenando en casa de Lulú, su hermana se me acercó y me dijo:

-He estado leyendo tu blog. Me he puesto al día.

-¡Muchas gracias! -contesté yo, sinceramente. Me encanta cuando alguien me dice que lee mi blog. Sin embargo, la cara de la hermana de Lulú no era precisamente la de una fan incondicional. Me di cuenta de que no me hablaba en plan: “cómo mola, me he reído mucho” sino, más bien, en plan: “te he pillado, asqueroso cerdo traidor”.

-He leído tu blog entero y he observado que yo no salgo ni una sola maldita vez -continuó-. Salen mis amigas, mi primo, mi casa y hasta mi gato, pero yo no aparezco. ¿Qué pasa? ¿Es que soy muy aburrida? ¿Es que nunca hago nada digno de tu estúpido blog?

Está bien, lo reconozco: lo de “maldita” y lo de “estúpido” lo he añadido yo para darle más fuerza al texto. Y que conste que no estoy diciendo que la hermana de Lulú necesite que nadie refuerce sus textos (Dios me libre). Lo que ocurre es que a veces se dice más con los ojos que con la boca, y los ojos de ella me estaban acusando de ser estúpido, maldito y -por qué no decirlo- un poquito gilipollas.

En ese momento intervino Lulú, con ese don apaciguador que tiene:

-¡Es verdad, no sale ni una vez, ni siquiera le has puesto nombre!

Dos hermanas que están de acuerdo son un enemigo temible. Habría escapado corriendo de la casa si no fuera porque el gato tenía cubiertas todas las salidas. Tomé un bocado más de la cena y, con la mirada baja, murmuré:

-Es que... no habrá surgido...

Se me ocurrió una manera de salir del paso:

-¡Cuando me digas qué nombre quieres que te ponga, te dedico un post!

La idea pareció calmarla:

-¿Puedo elegir cualquier nombre?
-Bueno, tiene que ser el nombre de un dibujo animado. Siempre pongo nombres de dibujos animados.

Se lo pensó un rato y dijo:

-¡Quiero ser Yasmín, la de Aladdin!
-¡Eso sí que no! -exlamó Lulú. Su hermana la miró perpleja y furiosa:
-¿¡Por qué no!?
-Porque para Malvado Ventrílocuo, Yasmín es el dibujo animado más erótico de todos los tiempos. Y tú no vas a llamarte Yasmín mientras yo tengo el nombre de una muñeca fea, cabezona y que no conoce nadie.

Tuve que asentir, no me quedó otro remedio. Que me perdone Jessica Rabbit, pero nadie se contonea como esa morena.

-Oye, ¡que yo te puse Lulú porque me pareció un nombre con sex appeal! -añadí, para distraer un poco la atención. Ya era tarde, los ánimos estaban encendidos.

-¡Vaya, mi hermana egoista no quiere dejarme escoger el nombre que me gusta! Entonces me llamaré Cenicienta, que es lo que me pega.

-¡A ti te pega la madrastra!

-¡Oh...! ¡Pues nada, que no escriba sobre mí! ¿Por qué iban a mencionarme en un blog, si a nadie le importa lo que yo piense?

Y la cosa siguió por esos derroteros... Al menos conseguí dividir a mi enemigo. Me dedique a terminar la cena mientras ellas se descuartizaban. “Qué amables” pensé, “me han escrito ellas solas el próximo post”.

Por desgracia, la hermana de Lulú salió sin nombre de la trifulca. ¿Qué hago ahora? Si la llamo Yasmín, voy a tener bronca... ¡pero si no lo hago, la voy a tener más todavía! ¿Alguna sugerencia?

(Porcentaje de realidad: 95%)

lunes, 15 de enero de 2007

Noche solo para chicas y ventrílocuos

En efecto, queridos amigos, ayer hubo una nueva “noche solo para chicas”. Solo que esta vez… ¡me colé dentro!

He conseguido infiltrarme en terreno enemigo, he estado en el lugar del que hablan las leyendas, y ni siquiera he tenido que ponerme pelucón y tacones. Me han hecho un hueco, así sin más. Supongo que, en parte, se debió a que la velada no había sido proyectada estrictamente como una “noche para chicas”, pero al final acabó siéndolo, sin lugar a dudas.

Comenzamos yendo a… ¡un museo! Éste fue el primer indicio de una de las grandes conclusiones extraídas durante mi investigación: las mujeres van donde quieren cuando quieren -al contrario que los hombres, que van donde toca cuando toca-. Esta versatilidad hace que las noches femeninas sean mucho más variadas y sorprendentes, aunque se corre el riesgo de acabar en un karaoke.

También hay que decir que se trataba de una exposición de arte moderno, y que las obras eran fascinantes, y de una creatividad sin límites. Lo más llamativo era la forma de combinar el color y el movimiento con las influencias del pop-art digital. Lástima que estuviera cerrado y no pudiéramos ver nada.

Así que -cómo no- nos fuimos a las rebajas de el Corte Inglés. “Al final la cabra tira al monte” estaréis pensando. Pues no seáis tan mal pensados, porque las chicas decidieron ir para hacerme un favor a mí. Y, ¿qué podía estar buscando yo en el Corte Inglés? Como no podía ser de otra manera, buscaba… ¡el epi que risa!

Tampoco esta vez hubo suerte. El epi que risa llevaba agotado desde antes de reyes (estúpidos niños). Estuvimos un buen rato dando vueltas por la planta de juguetes. Yo me separé un poco del grupo (siempre se me va la olla en la planta de juguetes) y encontré el laboratorio del profesor Nasty. Volví con la caja en las manos y gritando:

-¡Mirad, mirad, puedes hacer gominolas con forma de cerebro!

Encontré a las chicas mirando unos juegos educativos, con letras y números, y diciendo:

-Cada vez cuesta más encontrar juguetes que estimulen el aprendizaje individual y el desarrollo cognitivo de los niños.

Me vieron llegar y miraron mi caja de el profesor Nasty con gesto interrogativo.

-La caja ésta, que se había caído al suelo -repuse.

Después nos fuimos a cenar a un sitio de ensaladas en el que había que hacer cola (la primera vez en mi vida que hago cola para comer verdura). Estuvimos charlando de todo un poco y nos hinchamos de reír: que si las condiciones laborales son un asco… que si el té ponía al ex-novio de Maya como una moto… Unos amigos estuvieron llamando y parecía que íbamos a reunirnos con ellos, pero al final se echaron atrás: se habían encontrado con unas rubias gemelas a las que pretendían llevarse al huerto, y nos dejaron tiradas. Los tíos son unos cerdos.

Bueno, esta reseña se está alargando demasiado. Pienso redactar un estudio completo sobre las “noches para chicas” que publicaré en alguna prestigiosa revista científica, por si alguien necesita más datos. Me despido con un consejo: sed creativos al pedir vuestro té. Hay gente que odia que todos pidan lo mismo.

¡Besitos!

(Porcentaje de realidad: 94%)

martes, 19 de diciembre de 2006

Put your head on my shoulder

Cuando vemos una película en casa de Lulú, ella siempre busca una manta pesada, pone los pies sobre el sofá, apoya en mí su cabecita y se queda dormida antes de la primera frase. Ella asegura que le encanta que veamos películas, pero lo cierto es que el único que las ve soy yo. Nunca me quejo, porque me parece la forma más agradable de ver cine que conozco.

Hoy la película era aburrida y me puse a pensar en mis cosas. De pronto, se me ocurrió una pregunta que necesitaba respuesta inmediata, así que moví un poco el brazo para despertar a la soñadora.

-Lulú -le dije-, ¿tú me quieres solo porque soy una buena almohada?

Ella abrió unos milímetros los párpados, me dedicó una sonrisa casi imperceptible y dijo en un susurro:

-Estás loco...

No voy a desmentir su observación... Pero juro que, justo antes de volver a dormirse -cuando parecía que me abrazaba-, ella me ahuecó. ¡Estoy seguro de que me ahuecó!

(Porcentaje de realidad: 80%)

lunes, 18 de diciembre de 2006

Love you

En los años que dediqué a la bohemia y el malvivir -cuando vivía en aquella casa del casco viejo de una ciudad del sur-, solía bajar casi todas las tardes a tomar una copa con mi amiga Margaret Rose (esa que ahora desbanca mis libros de todos los escaparates, bajo un seudónimo que aún no he aprendido a deletrear). Durante uno de aquellos encuentros, me confesó que nunca, en toda su vida, había declarado su amor por nadie.

-Entonces -volví a preguntarle, incrédulo-, ¿de verdad nunca has dicho las palabras "te quiero"?

-Una vez estuve a punto -contestó ella-. Fue aquí mismo, en una mesa de este bar. Pero en el último momento, en vez de decir "te quiero", dije "quiero té". No nos juramos amor eterno, pero las pastas estuvieron deliciosas.

A. S. Littlesand. "Memorias".

(Porcentaje de realidad: 0%)

sábado, 16 de diciembre de 2006

Una noche solo para chicas

-Es una noche solo para chicas -me explicó Lulú, mientras terminaba de perfilarse los labios frente al espejo. Y yo, tirado en su cama y haciendo como que no la miraba, me encogí de hombros y repuse:


-Y eso, ¿qué significa? ¿No puedo ir?
-Oh, claro que puedes. Pero, ya sabes, es una de esas noches para chicas.


Le dije adiós al cristal trasero de su coche mientras se alejaba, y fui a mi cuarto a buscar las zapatillas y el pijama. ¿Una noche solo para chicas? ¡Qué tontería! En algún sitio tendrán que meterse los chicos, ¡digo yo! ¡Cómo si pudieran hacernos desaparecer!


Recorrí en dos minutos todos los canales del satélite, me lavé los dientes, tomé un vaso de leche con galletas, me volví a lavar los dientes... Últimamente abuso de las deliciosas galletas de chocolate.


A las once y media llamaron al timbre. “Lo sabía” pensé, “no puede vivir ni media hora sin mí”.


No era ella, sino mi primo. Me pareció poco educado preguntarle qué pintaba en mi casa a aquellas horas, pero él contestó de todas maneras:


-Ya sabes, es una noche solo para chicas -dijo.


Le dejé pasar y me di cuenta de que él también estaba en pijama. Terminábamos de darle otro repaso desganado a la programación televisiva cuando se presentaron unos amigos. Luego llamaron a la puerta mis vecinos, después los vecinos de mis vecinos y, finalmente, empezaron a llegar un montón de tipos a los que no conocía. Mi casa se fue llenando de tristes varones, en pijama y zapatillas, con las manos en los bolsillos y la mirada solitaria.


Busqué a mi primo que -aplastado por la multitud- intentaba respirar en una esquina.


-Así que esto es lo que hacemos los chicos en las “noches solo para chicas”... -observé-. Nos quedamos en casa.


(Porcentaje de realidad: 22%)